En el hospital Almanzor Aguinaga extirpan un tumor grande del páncreas a joven de 27 años

Un dolor abdominal que parecía cosa de rutina terminó revelando un tumor de 7 centímetros pegado a las venas más peligrosas del abdomen de Kiara Baldera Farro; el mismo que, gracias a una cirugía de alta complejidad realizada por cirujanos del Hospital Nacional Almanzor Aguinaga Asenjo de EsSalud, hizo que la joven pueda contar su historia sin secuelas y sin haber necesitado una sola transfusión de sangre.

El gerente de la Red Prestacional Lambayeque de EsSalud, Dr. Alberto Fernando del Valle Espejo, resaltó que este tipo de intervenciones complejas son posibles gracias a la coordinación oportuna de las oficinas administrativas en la adquisición de insumos e instrumental biomédico, un engranaje muchas veces invisible pero esencial para que historias como la de Kiara tengan un final feliz.

El jefe del Servicio de Cirugía General del Hospital Almanzor Aguinaga, Dr. Jimy Agüero Acuña, destacó el nivel profesional alcanzado por los cirujanos del nosocomio de EsSalud, y subrayó que casos como el de Kiara representan una esperanza de vida real para los asegurados de la macrorregión norte del país que enfrentan este tipo de patologías, sin necesidad de trasladarse a otras ciudades para acceder a cirugías de alta especialización.

TRATAMIENTO

Por su parte, el Dr. Daniel Otayza Hurtado, que lideró el equipo multidisciplinario que realizó la cirugía, informó que Kiara tiene 27 años, es ingeniera de sistemas y, como cualquier joven profesional, llevaba una vida marcada por la rutina del trabajo, hasta que un cólico (de esos que muchos minimizan o postergan revisar) la llevó a consulta médica, iniciándose un episodio que cambiaría su historia clínica para siempre.

En ese sentido, solicitaron una ecografía abdominal para descartar causas comunes de ese dolor; pero, el resultado no fue el esperado y de forma incidental, sin que nadie lo estuviera buscando, apareció una tumoración. Una tomografía abdominal posterior confirmó lo que la ecografía había insinuado, se trataba de una masa localizada sobre la cabeza del páncreas, y sus características radiológicas correspondían a un tumor raro, denominado Tumor de Frantz, que afecta principalmente a mujeres jóvenes.

CIRUGÍA DE WHIPPLE

El destacado galeno también dio a conocer que, en el caso de Kiara, la ubicación del tumor (justo en la cabeza del páncreas) los obligó a plantear una de las operaciones más complejas de la cirugía abdominal, como es la duodenopancreatectomía cefálica, conocida mundialmente como cirugía de Whipple.

Además, señaló que la operación implicó remover la cabeza del páncreas, el duodeno, la vesícula y las vías biliares, para luego reconstruir por completo el tracto digestivo de la paciente; procedimiento que, por sí solo, ya representa un reto técnico mayúsculo para cualquier equipo de cirugía.

Asimismo, precisó que el verdadero desafío llegó por el tamaño del tumor (7 cm x 5 cm x 7 cm), que estaba pegado a la vena porta y a la vena mesentérica superior, dos estructuras vasculares de altísimo flujo sanguíneo y extrema fragilidad, indicando que una lesión accidental en cualquiera de estos vasos durante la cirugía podía desencadenar un sangrado masivo y poner en riesgo la vida de la paciente en cuestión de minutos.

SIN TRASFUSIÓN SANGUINEA

Lo que siguió fue un resultado excepcional; pues Kiara no requirió ninguna transfusión de sangre durante ni después de la cirugía, pese a la magnitud del procedimiento; y tampoco fue necesario que pasara por la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), algo poco habitual tras una cirugía de esta envergadura.

La evolución postoperatoria de la paciente fue calificada como “muy favorable”; de tal manera que, al noveno día, Kiara fue dada de alta sin ninguna complicación, volviendo a su hogar, a su trabajo y a su rutina, con una cicatriz que cuenta una historia de fortaleza, ciencia médica y trabajo en equipo. Su caso queda como testimonio de que, incluso frente a un diagnóstico que suena aterrador, la detección oportuna y la experiencia quirúrgica pueden marcar la diferencia entre el miedo y la esperanza.